Es cierto que en más de una ocasión, animales que en cualquier otra situación nos habrían mordido el trasero quedaron hipnotizados ante una suave melodía, o ante el sonido tan atractivo y sugerente que puede de salir de toda clase de instrumentos musicales. Desde una guitarra española bien afinada hasta un oboe con la lengüeta rota. Y esto hace que uno se diga a sí mismo: "Si es que la música... amansa a las fieras". Posiblemente sea así. Pero a mí, después de unos recientes acontecimientos, me dio por pensar que a lo mejor son las fieras y solo ellas las que saben apreciar la música. Y que aquellos que, por el hecho de poder hablar, llaman a otros seres vivos animales, tal vez sean los que no sepan apreciar lo que la música es y lo que la música hace.
Recurro a esto para poneros blandos; lo necesitaré más adelante
Claro que, para entrar en materia, hay que ser claros y matizar levemente qué entiende uno por música. Porque el concepto, de buenas a primeras, es muy vasto. No estoy tratando de deslizarme hacia unas críticas desgarradoras contra el reggaeton, el house o cualquier estilo que un tipo refinado (o que se las da de refinado) escoge como víctima a despedazar. De verdad que no. Cada uno con lo que le guste o con lo que le haga sentir algo. Pero vayamos a ese sentir, y a la manera de hacerlo.


