Ayer, día 7 de enero, se conocían las nominaciones a los Goya 2015. A muchos, que decís adorar el cine, os importan poco más que un pepino caducado (¿puede caducar un pepino?) estos premios. Estamos en España, no nos olvidemos, y aquí quejarse es algo fundamental. Sobre todo, si se trata de algo que uno prácticamente desconoce. Por eso, frases como "Si es que el cine español apesta a rancio", "La gala de los Goya me recuerda a mi cuñado contando chistes en la cena de Nochebuena" o "Yo cuando vi que el escote de Blanca Suárez era muy discreto, cambié de canal" no fallan; lo dicho, mientras se trate de quejarnos, no dejamos pasar la ocasión.
Pero, guste más o guste menos, los premios Goya componen la única fecha, la única noche, en que el séptimo arte cobra un mínimo de importancia de aspecto mainstream en nuestro país. Y el cine, si tanto decimos adorarlo y disfrutarlo, hay que cuidarlo. Por eso merece la pena prestar nuestra atención a las producciones que, a lo largo del año, han tenido lugar; a los proyectos que han salido adelante sin naufragar en el intento. Porque (muchos sí que no lo sabéis) llevar una película hasta una sala de cine conlleva un proceso exhaustivo que, por desgracia, en ocasiones se derrumba a mitad de camino. Así que hagamos un esfuerzo entre todos, y concedámosle un pedazo de nuestra atención (ya si nos sentimos dadivosos, un pedazo de nuestro aprecio) a los trabajos cinematográficos españoles del pasado año que, además, han tenido un nivel particularmente plausible.



